Política
De progresistas y regresistas, II
Publicado 2010.02.01 por Gonzalo Rovira



En su columna “De progresistas y regresistas” (La Nación, 14/01/2010), Mauricio Salinas nos ha llamado la atención acerca de “la denominada ‘política de los consensos’ que ha llevado a algunos a pensar que lo adecuado siempre es el consenso y cualquier cosa que marque las diferencias atenta contra la estabilidad del sistema, lo que ha hecho, también, que quienes deben cambiarlo, se transformen en sus defensores”. Me parece importante destacar que este argumento enfrenta dos formas de ver la política que van más allá de la distinción primaria de derechas e izquierdas o de conservadores y liberales. Se trata de la constatación de un hecho político que ha marcado los últimos 20 años de Chile (la Concertación), América Latina (Lula y el PT en Brasil) y Europa (España, Francia, Alemania, etcétera). La derrota de los socialismos “reales” y el consenso de Washington allanaron el camino para impulsar progresos limitados a “la medida de lo posible”.
 
Sólo quiero discutir a su autor el cierre argumental. Porque las sucesivas crisis del sistema capitalista, muy en particular la última, el desgaste de las coaliciones políticas que impulsaron esta forma de progresismo light y su derrota en Chile hace sólo unos días, el progresivo aumento de la conflictividad social en un sistema injusto, con una ciudadanía cada día más consciente de su “derecho a tener derechos”, con un sistema económico que ahora se quedará sin defensores desde el progresismo, y con una derecha “regresista”, exultante con el triunfo, no significa necesariamente que ese progresismo light haya aprendido la lección. Sin embargo, columnas como la de Águeda Sáez, “Espejismos políticos” (La Nación, 25/01/2010), dan cuenta que, ya sea como “progresismos” o como izquierda, hoy se destaca, clara y contundente, un discurso nítidamente anticapitalista, que llama al pan, pan, y al vino, vino.
 

Martes 26 de enero de 2010.